Jul 16 2009
Turandot
En la lejana china, el Emperador, ante las negativas de su hija a casarse, decide redactar un edicto donde se establece que la princesa se casará con aquel príncipe que sea capaz de desvelar los tres enigmas que ella propondrá; en caso contrario, morirá.
Muchos han sido los pretendientes que han sucumbido a la gélida belleza de la princesa y de igual forma al hacha del verdugo, el último, el Príncipe de Persia, que morirá con la salida de la luna. El pueblo acude con insospechada alegría al palacio. En medio de todo el gentío un ciego cae, su acompañante implora gritos de auxilio
- ¡¡Por caridad!! ayúdenme a levantar a mi señor.
- Buenas gentes, os lo suplico, ¡¡ayudadme!! -sollozaba la joven -.
Ante la desgarradora llamada de auxilio, aparece un joven que reconoce al anciano como su padre. El ciego, antiguo rey exiliado llamado Timur, le comenta que tras perder la batalla, ella fue su guía y mendigaba por él; ante tal gesto, el príncipe le pregunta a la esclava.
- ¿Por qué actúas así?




