Jun 08 2008

Relato

Publicado por Surfero sin tabla

Introducción:

Habían pasado décadas y hasta siglos, pero la casa seguía en pie. Su resistencia pétrea superó temblores, guerras, revoluciones, quiebras, hambrunas y una sucesión casi interminable de dueños. Del indiano que la mandó edificar pocos recuerdos quedan en la población. Unas cuantas leyendas, mal pergeñadas pero preñadas de hombres rudos, de mujeres rumbosas, de oro, de fracasos y de retornos adinerados. En la casa, un retrato sedente de un bigotudo endomingado junto a una alzada dama, que se antoja más coima que legítima.

La edificación, en dos plantas a las que se añadían bodega y buhardilla, fue construida entorno a un patio central donde en el pasado el jazmín exhalaba su olor y las doñas hacían composturas a su sombra en los meses de canícula. En la actualidad, los excrementos de ratas y los orines gatunos acompañaban el correr apresurado de cucarachas y otros bichos cuando algún despistado entraba en el recinto.

3 comentarios en “Relato”

  1. Barrankasel 30 Ago 2009 a las 8:30 pm

    El desaliñado y descuidado aspecto de la enredadera que orla la fachada principal apenas permite entrever los hermosos ventanales, que aun sin cristales, y visiblemente deteriorados por la inclemencia del tiempo dejan admirado al viandante, que primero por curiosidad, y después con sorpresa, se acerca a la verja. El camino que une la ermita de santa Águeda con la población de Valdebello, fluye alegremente entre arboledas y frondosos pastos, lo que hace su caminar por él, la delicia de todo aquel que lo transita.

    Donato Cuvillas es un asiduo caminante de este excepcional recorrido, su condición de Boticario, y lo flexible de su horario laboral, así lo ha permitido desde que arribó a estos lares, de eso hace ya más de cuarenta años. Donato es un admirador de la casa, y no pasa ni un solo día que no haga su parada obligada ante la verja. Inevitablemente, los recuerdos emergen como atraídos por una fuerza superior, y solo el exhalar profundo de su respiración lo devuelve a la realidad. Con gesto lento, abandona la verja, y con mirada ausente, retoma el camino de regreso a la población.

  2. Maicael 31 Ago 2009 a las 11:37 pm

    No me parece bien ,,,,,,,,,haber retirado lo anterior algunos ponemos el alma en las cosas,,,,

  3. Dorianel 18 Nov 2009 a las 8:41 pm

    Atrás quedaban los días en que selevantó aquella edificación en hormigón armado cuyos elementos consistían en pilares de 40×40 mm conformando pórticos de 5,6 metros de luz; se habían dispuesto seis redondos de 14 en la cara sometida a tracción y cuatro del mismo diametro en la de compresión. Evidentemente, las barras eran corrugadas y tenían un recubrimiento de 6 cm. No recordaba de cuánto eran los estribos, mas las armaduras de espera (de 50 cm de longitud) estaban embebidas en zapatas medianeras con más de un metro de vuelo.
    Los muros de sótano se habían calculado para un terreno de 36º de rozamiento interno, una cohesión de 0,07 Kg/cm2 y una densidad seca de 2 tn/m3; había resultado una pantalla de 35 cm de espesor para soportar el talud resultante y se le confirió una doblez de 135 º de gancho sísmico.
    Los forjados se habían ejecutado “in situ” con losa contínua de 20 cm de espesor y una armadura de reparto de diámetro genérico en la cara traccionada.

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