Jul 16 2009
Turandot
En la lejana china, el Emperador, ante las negativas de su hija a casarse, decide redactar un edicto donde se establece que la princesa se casará con aquel príncipe que sea capaz de desvelar los tres enigmas que ella propondrá; en caso contrario, morirá.
Muchos han sido los pretendientes que han sucumbido a la gélida belleza de la princesa y de igual forma al hacha del verdugo, el último, el Príncipe de Persia, que morirá con la salida de la luna. El pueblo acude con insospechada alegría al palacio. En medio de todo el gentío un ciego cae, su acompañante implora gritos de auxilio
- ¡¡Por caridad!! ayúdenme a levantar a mi señor.
- Buenas gentes, os lo suplico, ¡¡ayudadme!! -sollozaba la joven -.
Ante la desgarradora llamada de auxilio, aparece un joven que reconoce al anciano como su padre. El ciego, antiguo rey exiliado llamado Timur, le comenta que tras perder la batalla, ella fue su guía y mendigaba por él; ante tal gesto, el príncipe le pregunta a la esclava.
- ¿Por qué actúas así?
Ella responde que todo se debe a que un día, el rey al verla, la sonrió en el palacio. En ese momento, el pueblo clama fervientemente “sangre” y pide que surja la luna; aparece el verdugo, la reacción del gentío cambia cuando ven al príncipe de Persia, y de forma espontánea comienzan a pedir piedad para el joven. A ellos se une el príncipe desconocido, pero la aparición de la princesa Turandot, tornan sus maldiciones en exclamaciones de un ser completamente enamorado. Tanto su padre como la esclava tratan de quitarle la idea de optar por ella. Ni el grito desgarrador del reo pronunciando el nombre de Turandot instantes previos a su muerte convence al príncipe desconocido. Cuando está dispuesto a golpear el gong, tres personajes, ataviados con elegantes vestidos le cortan el paso, son ministros del Emperador; con voces enérgicas le increpan.
- Alto, ¿qué haces? párate.
Los ministros tratan de convencerlo de que no vale la pena arriesgar la vida por Turandot, cuando al fin y al cabo, es una “mujer con una cara, dos brazos y dos piernas como el resto”. Con estos argumentos solo tratan de ganar tiempo y que el príncipe desconocido desista de su idea de conseguir a Turandot. Todo es estéril, el príncipe desconocido ha subido al cadalso y grita
- ¡Turandot! - hasta tres veces-
Golpea el gong que le convierte en el candidato al amor de la princesa ante el pueblo aglomerado. Aparece Turandot, y el príncipe escucha como ella le pide
- No tientes la fortuna.
Insiste en su intención de resolver los tres enigmas; uno a uno, el príncipe los va resolviendo ante el aplauso del público presente. Cuando se resuelve el tercer enigma surge la sorpresa
- Amado pueblo, os pido que no me entreguéis en bazos del extranjero como una esclava, muerta de vergüenza.
El príncipe, que prefiere que la princesa no se muestre hostil, le sugiere que resuelva un enigma
- Di mi nombre antes del alba, pronuncia mi nombre y yo moriré.
Ella acepta esta solución mientras que el Emperador, harto de tanta muerte, le desea suerte. Rápidamente los heraldos anticipan la orden de Turandot.
- Nadie duerma en la capital del reino. Pena de muerte salvo que el nombre del príncipe desconocido sea revelado.
Cuando todos se han marchado, el príncipe le recrimina su porte frío, recordándole la sangre derramada, y afirmando que todo ese hielo es mentira. Ella le confiesa sus sensaciones cuando le vio por primera vez y cómo había vencido él, no con la prueba, sino con esa fiebre que me viene de ti… pero pidiendo que no siga más con el intento de tenerla en sus brazos. Al final, el príncipe acaba resignado y decide revelarle el nombre
- Yo soy Kalaf, hijo de Timur. -mientras suenan las trompetas desde el Palacio-.
Tras la aclamación del pueblo al Emperador, llega el momento en el que Turandot debe desvelar el nombre del príncipe extranjero.
- Su nombre es… Amor,
El pueblo se muestra exultante de que la princesa haya alcanzado el amor y lo celebran con emocionante alegría.
Esto es, en versión resumida la historia de Turandot, Giacomo Puccini le puso música y aquí os dejo el vídeo donde nadie duerme.
Que la noche no os confunda.













